Luis Caputo repite como un mantra que el “riesgo kuka” vale cero y que el regreso del peronismo es apenas un fantasma agitado por la oposición. Pero mientras el ministro insiste en esa narrativa, en Wall Street los números cuentan otra historia: los seguros contra default de la deuda argentina ya marcan una fractura evidente entre el presente y el horizonte electoral de 2027. Los credit default swaps (CDS), termómetro privilegiado de la incertidumbre financiera, muestran un spread que supera los 270 puntos básicos entre las coberturas a uno y dos años. En términos concretos, cubrirse frente a un eventual default posterior a las elecciones cuesta más del doble que hacerlo antes. La comparación internacional desnuda la anomalía: en otros países esa diferencia rara vez supera los 60 puntos básicos; en Argentina, la curva se quiebra justo en el calendario electoral. Los bonos soberanos replican la misma lógica. Los títulos largos, como los AL30 y GD30, pagan tasas más altas y exhiben mayor volatilidad porque cargan con el peso de la incertidumbre política. El consultor Javier Peralta lo resume con crudeza: “El mercado ya empezó a ponerle precio al riesgo político de largo plazo”. La prima ronda los 300 puntos básicos, validando la señal que envían los CDS. El negocio, advierte Peralta, está en manos de los inversores más agresivos: quienes aceptan el vértigo de la incertidumbre a cambio de rendimientos elevados si el esquema se estabiliza. Pero detrás de esa apuesta late un mensaje incómodo para el Gobierno: la continuidad del programa económico no está garantizada. Desde el Centro Cultural de la Cooperación aportan otra lectura: la curva de CDS no sólo refleja dudas sobre la política, sino también sobre la sustentabilidad financiera del modelo de Javier Milei. El mercado parece conceder que el esquema puede llegar relativamente estable hasta 2027, pero no asegura que sea sostenible más allá. Las reservas, incluso en plena liquidación del agro, muestran un estancamiento que alimenta las dudas sobre la capacidad de sostener pagos futuros. En definitiva, mientras el discurso oficial insiste en la confianza de los mercados, los operadores ya pagan más caro para cubrirse en el período posterior a las elecciones. La señal es clara: el relato de estabilidad eterna empieza a resquebrajarse y, en Wall Street, cuando los seguros contra default se disparan, es porque alguien ya dejó de creer.
Compartir
a>