En el escenario solemne del encuentro anual de la AmCham, tres gobernadores se plantaron frente al presidente Javier Milei con un reclamo que huele a déjà vu: un nuevo pacto fiscal que barra con los tributos que, según ellos, deforman la economía argentina. Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Alfredo Cornejo (Mendoza) y Alberto Weretilneck (Río Negro) desempolvaron la memoria de aquel acuerdo federal de 2017, firmado en tiempos de Mauricio Macri, y lo pusieron otra vez sobre la mesa. Frigerio fue el más enfático: pidió que la Nación se desprenda del impuesto al cheque y de las retenciones, mientras las provincias hagan lo propio con Ingresos Brutos. Cornejo acompañó la idea, aunque advirtió que el engranaje de la coparticipación vuelve más compleja la cirugía. “Hace falta una reforma integral, que simplifique y reordene la distribución de la recaudación”, lanzó, sumando la necesidad de inversión en infraestructura como motor de competitividad. Weretilneck, en cambio, se corrió del libreto. Con tono pragmático, rechazó la posibilidad de un pacto nacional y defendió los acuerdos regionales, como el que Río Negro teje con Neuquén. “Cada provincia debe diseñar su propia política fiscal según su realidad productiva”, sentenció, marcando distancia de sus colegas. La voz empresarial también se hizo sentir. Mariana Schoua, presidenta de AmCham, reclamó una reforma profunda que alivie la presión tributaria sin romper el equilibrio fiscal. “La simplificación no es un tecnicismo; es una decisión de competitividad”, advirtió, subrayando que el desarrollo requiere voluntad política más que fórmulas mágicas. Así, entre la nostalgia de un pacto pasado, las tensiones entre provincias y la presión del sector privado, la discusión fiscal vuelve a ocupar el centro de la escena política. Una crónica que revela, más que consensos, las fisuras de un país que busca ordenar sus cuentas sin perder de vista la inversión y la competitividad.
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