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La reunión encabezada por Axel Kicillof con intendentes bonaerenses dejó expuesta una herida que ya no puede ocultarse: la coparticipación se desploma y los distritos comienzan a tambalear. Lo que hasta hace unos meses era un murmullo de pasillo hoy se transforma en un grito de alarma que recorre la provincia. En Villa Gesell, Gustavo Barrera puso cifras al descalabro: 3 mil millones menos en 2024 y otros 700 millones evaporados en apenas tres meses de este año. Con un gesto político calculado, garantizó el pago de salarios a los trabajadores, pero sacrificó los haberes de funcionarios y concejales. Una decisión que desnuda la magnitud del ajuste y la fragilidad de las arcas locales. Monte Hermoso, en voz de Hernán Arranz, fue más descarnado: “Esto es una catástrofe”. Los números que exhibió son un espejo deformado de la inflación: aumentos del 18%, 12% y 7% frente a un 43% real. El intendente no dudó en advertir que, bajo el esquema actual, los municipios son inviables. Y en un gesto que remite a los fantasmas del 2001, deslizó la posibilidad de volver a los Patacones, aquella cuasimoneda que simbolizó la crisis más profunda del país. Navarro, con Facundo Diz, sumó su voz al coro de advertencias: endeudamiento, salarios incompletos y subsidios que nunca llegan. Las Flores, en cambio, todavía logra sostener el equilibrio, aunque su intendente Fabián Blastein reconoce que la recesión golpea fuerte en sectores productivos y que el margen de maniobra se achica día a día. El mapa bonaerense muestra así una heterogeneidad aparente: algunos municipios aún resisten, otros ya sienten el ahogo. Pero el denominador común es claro: la coparticipación se derrumba y los intendentes advierten que el margen de ajuste se agotó. Con salud, educación y asistencia social en juego, el cierre del año se dibuja como una incógnita peligrosa.

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