En los pasillos de la Casa Rosada se respira cautela. El Gobierno decidió frenar la discusión de una reforma tributaria integral y ató cualquier negociación con los gobernadores a un repunte claro de la economía. La consigna que baja desde Balcarce 50 es tajante: sin crecimiento, no hay debate. Los funcionarios más cercanos al Presidente admiten que el calendario legislativo de este año se moverá por otros carriles, reformas penales y de propiedad privada, mientras el capítulo impositivo queda en pausa. Aunque Milei insiste en que la reforma es prioridad de gestión, la mesa chica reconoce que no hay estrategia definida sobre la secuencia de reducción de impuestos y descarta, por ahora, volver sobre Ganancias a sociedades. El equipo económico se muestra preocupado por el margen estrecho del superávit. Una baja de tributos sin respaldo en mayor actividad implicaría déficit, y por eso también se descarta tocar las retenciones en el corto plazo. La recaudación oficial, que alcanzó $16,2 billones con un aumento nominal del 20,1%, refleja la fragilidad del consumo: el IVA creció apenas 13,7% y su componente aduanero se desplomó 16,1%. “No nos sobra nada”, repiten en los despachos oficiales. La mirada se concentra en sectores críticos: consumo masivo e industria manufacturera. Los datos muestran supermercados y ventas minoristas en retroceso interanual, mientras la industria exhibe una recuperación irregular, con avances mensuales pero caídas frente al año pasado. En paralelo, los gobernadores levantan la voz. Señalan que la caída de recursos coparticipables y transferencias nacionales tensiona las cuentas provinciales y complica la negociación salarial. Algunos mandatarios, junto a sectores del oficialismo, ya hablan de un nuevo pacto fiscal. El Ejecutivo, sin embargo, insiste en que la discusión tributaria se retomará recién cuando haya señales firmes de recuperación. La apuesta está puesta en el agro, la energía y las exportaciones como motores que puedan arrastrar al resto de la economía y mejorar la recaudación. Hasta entonces, la reforma tributaria seguirá siendo un proyecto en suspenso, más promesa que realidad.
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