Dos de las medidas para “aliviar el bolsillo” de la ciudadanía, quedarán para después de las elecciones primarias (PASO), del próximo 12 de septiembre. Uno es el impuesto a las Ganancias, bien focalizado en la clase media. El otro apunta a los sectores más vulnerados: una suba adicional del salario mínimo vital y móvil, un piso de ingresos que impacta en más de 6 millones de trabajadores formales y sirve de parámetro para los informales y para los planes sociales. El piso de Ganancias volverá a subir a poco más de tres meses de su implementación. Desde junio el mínimo está en $150.000 brutos mensuales. Ante la alta inflación y la consecuente reapertura de las paritarias, muchos de los que se vieron beneficiados pueden volver a estar alcanzados por el gravamen. El objetivo oficial es que quienes quedaron exentos del gravamen al momento de la reforma lo sigan estando. Son un millón de trabajadores en relación de dependencia. En su paso por el Congreso, este jueves, el ministro de Economía, Martín Guzmán, confirmó que el piso de Ganancias volverá a subir “este año porque la variación del índice RIPTE (Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables) es diferente al que estaba en el Presupuesto”. El Gobierno analiza desde cuándo y cuánto aumentará el piso de Ganancias. Para eso, monitorea cómo fueron las últimas paritarias (Comercio y estatales, entre las más grandes), el impacto que tuvieron sobre el universo de exceptuados de Ganancias y aguarda la ronda final de negociaciones en curso. Se estima que para que sólo el 10% de los asalariados paguen el gravamen, como marca la última reforma, el mínimo debería subir a entre $175.000 y $185.000. El actual sistema, además, tiene deducciones especiales para los sueldos de entre $150.000 y $175.000 a fin de que el impacto del impuesto sea menor. Esa situación se mantendrá con el nuevo incremento del piso, sostienen el el Gobierno, y el rango dependerá del mínimo no imponible que finalmente se disponga.
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