El recién investido presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, enfrenta un inicio de gestión marcado por la tragedia. Apenas tres días después de asumir el poder, un terremoto de 7,4 grados sacudió al país, dejando tras de sí una crisis humanitaria que amenaza con redefinir su agenda política. La magnitud del desastre obligó al mandatario a convocar de inmediato un comité de emergencia y declarar el estado de “desastre nacional”, habilitando medidas extraordinarias para atender a las víctimas y coordinar la reconstrucción. Con ello, su prioridad inicial, el combate al déficit fiscal heredado del gobierno de Gustavo Petro, queda relegada frente a la urgencia de la crisis. El analista Yann Basset, profesor de la Universidad del Rosario, advirtió que “las consecuencias sobre los planes de gobierno serán inevitables”. De la Espriella había proyectado congelar el presupuesto al inicio de su gestión, pero la emergencia obliga a revisar esa estrategia. La situación fiscal ya era delicada: el déficit de 2025 alcanzó el 6,4% del PIB, y la investigadora Silvia Otero-Bahamón estima que este año podría elevarse al 7,8%, uno de los más altos a nivel global. La tragedia se suma a un panorama sanitario crítico. Otero-Bahamón alertó sobre una “bomba social” en el sistema de salud, con aseguradoras al borde de decisiones drásticas y hospitales afectados en la región de Chocó, epicentro del sismo. Retrasos en cirugías, cierres de servicios y deterioro en la atención agravan el cuadro. Así como otros líderes regionales debieron inaugurar sus mandatos enfrentando la pandemia de covid-19, De la Espriella se ve ahora forzado a encabezar la respuesta a una catástrofe de consecuencias aún inciertas. Su presidencia, que pretendía iniciar con un ajuste fiscal severo, queda marcada por la urgencia de reconstruir un país golpeado en sus cimientos.
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