La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, adelantó que el Consejo de Ministros discutirá un conjunto de disposiciones educativas que prometen abrir debate. El plan contempla tres puntos centrales: fijar un límite legal de estudiantes extranjeros por aula, exigir a los padres de alumnos con dificultades de integración que aprendan italiano y prohibir el uso del burka y el hiyab dentro de las escuelas. Durante un acto del movimiento juvenil de Fratelli d’Italia, Meloni sostuvo que “no puede ser que los niños italianos se conviertan en minoría en sus propias clases” y calificó como “falsa” la idea de que esa situación represente integración. La mandataria también subrayó que en Italia “ninguna tradición puede obligar a una joven a ocultarse” y remarcó que la igualdad de género “no es negociable”. El anuncio se suma a iniciativas previas impulsadas por distintos sectores del oficialismo. En agosto, el ministro de Educación, Giuseppe Valditara, había planteado limitar el uso del velo integral mediante una enmienda a un proyecto de seguridad. Meses antes, la Liga presentó en el Senado una propuesta para modificar la ley Reale de 1975, que ya prohíbe el enmascaramiento en espacios públicos. Actualmente, una circular de 2010 establece que el porcentaje de alumnos no italianos por clase no debe superar el 30%, aunque su cumplimiento ha sido irregular. Según la Fondazione ISMU, los estudiantes sin ciudadanía italiana representan el 11.6% del total, con concentraciones más altas en periferias urbanas. Si la nueva norma se aprueba, Italia sería el primer país de la Unión Europea en fijar un techo legal de este tipo. Dinamarca aplica límites del 50% para alumnos de “origen no occidental”, mientras que Francia evita cuotas étnicas y apuesta por la zonificación escolar.
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