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El escenario político regional se sacudió tras la participación del presidente argentino, Javier Milei, en el acto de lanzamiento de la candidatura presidencial del senador brasileño Flávio Bolsonaro. Allí, el mandatario argentino lanzó duras descalificaciones contra Luiz Inácio Lula da Silva, a quien calificó de “ladrón” y “presidiario”. La respuesta de Brasil fue inmediata: el gobierno de Lula llamó a consulta a su embajador en Buenos Aires y exigió explicaciones al representante argentino en Brasilia. La crisis traspasó las fronteras diplomáticas y se instaló en el Congreso argentino. Pese al receso invernal, la Cámara de Diputados se convirtió en caja de resonancia de la disputa. Legisladores de distintos bloques, desde la UCR hasta el peronismo, impulsan proyectos de repudio y evalúan citar al canciller Pablo Quirno a la Comisión de Relaciones Exteriores. También se analiza convocar a la Comisión del Mercosur para medir el impacto de la confrontación en la relación bilateral. El diputado Eduardo Valdés (Unión por la Patria), presidente de la Comisión del Mercosur, contrastó las posturas de Lula y Milei: “Un presidente dedicó su vida a unir pueblos y fortalecer la integración; el otro se empeña en sembrar odio y divisiones”. En paralelo, Esteban Paulón (Partido Socialista) presentó un proyecto de repudio, advirtiendo que las declaraciones de Milei “afectan la investidura presidencial y comprometen los intereses de la República Argentina”. Desde el peronismo, el excanciller Jorge Taiana denunció una “injerencia en asuntos internos de otro Estado” y alertó que la actitud del presidente “pone en riesgo los lazos históricos de hermandad y cooperación estratégica”. Legisladores del Frente Renovador también se sumaron a las críticas: Sabrina Selva recordó que detrás de la relación bilateral “hay miles de PyMEs y empleos argentinos”, mientras Diego Giuliano subrayó que “cada pelea diplomática de Milei la terminan pagando nuestras exportaciones y trabajadores”. Cecilia Moreau, por su parte, calificó los agravios como “inaceptables” y remarcó que “jamás un presidente argentino viajó a otro país para insultar públicamente a su mandatario”. La crisis abre un nuevo capítulo en la política exterior argentina, donde las tensiones personales de Milei se transforman en un problema institucional que amenaza con repercusiones económicas y diplomáticas de gran alcance.

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