En julio, la Universidad Torcuato Di Tella volvió a encender las alarmas con la publicación de su Índice de Confianza en el Gobierno (ICG). El estudio, realizado junto a Poliarquía Consultores, mostró un retroceso del 6,5% respecto de junio y ubicó el indicador en apenas 1,94 puntos. La caída interanual alcanza el 21% y confirma que, de los siete meses de 2026, seis estuvieron teñidos de números negativos para la administración de Javier Milei. En la Casa Rosada admiten la preocupación. Una voz oficial reconoció que el dato es un síntoma de la situación política y social, aunque relativizó su alcance. El vocero presidencial, Adrián Ravier, intentó poner paños fríos: señaló que la confianza ciudadana suele fluctuar y que lo relevante es observar las tendencias de mediano plazo. Aun así, el repunte de junio, la primera suba del año quedó rápidamente borrado por la nueva caída. Los estrategas del oficialismo reconocen que no logran instalar el relato de la “reactivación económica” en los grandes centros urbanos, donde la percepción de mejora es débil. Otros, en cambio, apelan a la comparación histórica y remarcan que Milei conserva un nivel de confianza superior al que registraba Alberto Fernández en la misma etapa de su gestión. El informe detalla que cuatro de los cinco componentes del índice retrocedieron, con la Eficiencia como el rubro más golpeado (-15,4%). El descenso se sintió con mayor fuerza entre los jóvenes de 18 a 29 años (-23%) y en el Gran Buenos Aires (-10,9%). Por nivel educativo, la baja más abrupta se dio entre quienes tienen instrucción primaria (-24,7%). En perspectiva histórica, el promedio del ICG bajo Milei se ubica en 2,37 puntos, el más bajo desde el inicio de su mandato, aunque todavía por encima de los registros de Alberto y Cristina Fernández en sus respectivos períodos. El estudio, que se elabora desde 2001, confirma que la confianza en el Poder Ejecutivo atraviesa un momento de fragilidad, con un escenario político que busca recomponer la narrativa de la recuperación económica mientras la sociedad espera señales más concretas de estabilidad.
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