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Horacio Rosatti, presidente de la Corte Suprema y del Consejo de la Magistratura, apareció sin aviso en la reunión conjunta de las comisiones de Reglamentación y Selección de jueces. Su presencia, inesperada y breve, alteró el clima de un debate que recién comenzaba sobre la reforma del reglamento de concursos. Rosatti no forma parte de esas comisiones, pero tomó la palabra con gesto solemne: agradeció la rapidez de la convocatoria y defendió la propuesta elaborada por la Corte, asegurando que sería enriquecida por el aporte de consejeros, abogados y jueces. “La mejor decisión posible”, prometió, antes de retirarse hacia el Palacio de Tribunales. La sesión, presidida por Alberto Lugones y María Fernanda Vázquez, reunió a representantes de todos los sectores: desde el Ejecutivo, con Santiago Viola, hasta legisladores como Vanesa Siley, jueces de cámara y abogados del foro. El temario giró en torno a las múltiples iniciativas ya presentadas, catorce proyectos previos más la flamante propuesta de la Corte, que buscan actualizar el mecanismo de selección de magistrados. El gesto de Rosatti fue leído como un intento de acelerar la discusión. Aunque la Corte ya contaba con apoyos, también enfrenta resistencias. Viola, viceministro de Justicia, marcó distancia: calificó la iniciativa como un “aporte” y advirtió contra la “ansiedad desmedida” por una votación urgente. Reivindicó el trabajo del Consejo en la producción de ternas y reclamó un análisis profundo de todas las propuestas. El episodio deja abierto un proceso que promete tensiones y negociaciones. El Consejo deberá equilibrar la presión del máximo tribunal con las voces que reclaman prudencia. En ese escenario, la irrupción de Rosatti se convierte en un gesto político: un recordatorio de que la Corte no sólo observa, sino que también interviene en el tablero donde se define el futuro de la justicia argentina.

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