El Boletín Oficial amaneció con tres decretos que, más allá de los nombres, revelan la trama de poder que atraviesa al Ministerio de Justicia. Con las firmas de Javier Milei y Juan Bautista Mahiques, se oficializó la llegada de Santiago Viola como secretario de Justicia y de Sebastián Amerio al frente de la Procuración del Tesoro. El movimiento no es menor: marca el pulso de la disputa interna entre Karina Milei y Santiago Caputo por el control del área judicial. La secuencia comenzó con la salida de Mariano Cúneo Libarona y el desembarco de Mahiques en el ministerio. Desde entonces, los despachos se convirtieron en escenario de un reordenamiento acelerado. Viola, apoderado de La Libertad Avanza y hombre de confianza de la secretaria general de la Presidencia, asumió como número dos del ministerio. Amerio, hasta entonces cercano a Caputo, quedó desplazado de ese rol pero fue reubicado en la Procuración del Tesoro, mientras que Castro Videla pasó a ocupar la subprocuración. El trasfondo es claro: la llegada de Mahiques configura el mapa interno y abre un nuevo capítulo en la pulseada entre las dos principales usinas de poder del oficialismo. En la Casa Rosada se interpreta que su rol es transitorio, parte de un plan mayor que incluye avanzar con pliegos para cubrir vacantes judiciales y, eventualmente, proyectar su nombre para la Procuración General de la Nación, hoy bajo la conducción interina de Eduardo Casal. La maniobra cuenta con el aval directo de Karina Milei, pero genera resistencia en el círculo de Caputo, que hasta ahora concentraba la influencia sobre la política judicial a través de Amerio. “La disputa está lejos de cerrarse”, deslizan en ese entorno, donde advierten que la tensión podría escalar incluso hacia otros frentes, como el vínculo del nuevo ministro con dirigentes de la AFA, un terreno sensible para un gobierno que ha instalado la confrontación con el fútbol como parte de su narrativa. En definitiva, los decretos no sólo designan funcionarios: exhiben la interna descarnada de un oficialismo que juega su partida más delicada en el tablero judicial, con la mirada puesta en el futuro inmediato y en la Procuración General como pieza clave de la estrategia.
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