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A más de un año y medio de las presidenciales, el escenario político argentino empieza a mostrar sus primeras tensiones. La disputa por el poder no se limita a la Casa Rosada: se extiende a los territorios, a los partidos y a las figuras que buscan instalarse como alternativa. En ese terreno, Axel Kicillof emerge como protagonista central. Desde el inicio del gobierno de Javier Milei, el gobernador bonaerense se posicionó como contrapeso. La dinámica es clara: el oficialismo lo elige como adversario y él acepta el rol, convencido de que la rivalidad fortalece su perfil nacional. Ambos bandos entienden que la candidatura del otro legitima la propia. El primer paso ya está dado: Kicillof quedó al frente del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires, un bastión simbólico que le otorga peso político. El 15 de marzo asumirá formalmente esa conducción, tras una elección interna sin competencia. A partir de allí, comenzará una gira federal destinada a proyectar su figura más allá de los límites bonaerenses. La derrota de 2023 y la posterior detención de Cristina Fernández aceleraron la disputa interna en el peronismo. Las críticas, antes contenidas, se hicieron públicas y muchos dirigentes comenzaron a mirar hacia Kicillof como referente capaz de disputar la conducción del movimiento. Aunque desde su entorno insisten en que no existe una estructura federal formal, en distintas provincias empiezan a aparecer voces que levantan la consigna “Kicillof presidente”. El ministro Andrés “Cuervo” Larroque ya recorrió territorios como Santa Fe, Entre Ríos y Formosa, convencido de que la territorialidad es clave. Legisladores y dirigentes locales, incluso de sectores no kirchneristas, se alinean detrás del gobernador bonaerense. El horizonte está claro: construir un armado nacional que trascienda las fronteras del peronismo tradicional. En Misiones, por ejemplo, el diputado Alberto Arrúa impulsa el Movimiento Derecho al Futuro, pese a sanciones internas y tensiones con la conducción kirchnerista. La consigna es ampliar la base, atraer nuevos votantes y preparar el terreno para la disputa presidencial.

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