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En la antesala de la sesión preparatoria, el Senado se convierte en escenario de un reacomodamiento que desnuda la fragilidad del interbloque peronista. La vicepresidenta Victoria Villarruel conducirá la jornada en la que se definirán las nuevas autoridades de la Cámara, mientras los movimientos internos ya anticipan un mapa legislativo distinto. Tres senadores del bloque Convicción Federal, Carolina Moisés (Jujuy), Sandra Mendoza (Tucumán) y Guillermo Andrada (Catamarca), decidieron apartarse de la órbita kirchnerista. Sus alineamientos con los gobernadores Gustavo Sáenz, Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil marcan un viraje que responde más a la lógica territorial que a la disciplina partidaria. El comunicado que oficializó la ruptura fue contundente: la oposición reclama representación en comisiones y espacios de debate que, según denuncian, el kirchnerismo les niega. La fractura no es menor. En la discusión del Presupuesto 2026, los tres legisladores acompañaron con su voto a los libertarios, dejando en evidencia las diferencias con sus compañeros de bloque, Fernando Salino (San Luis) y Fernando Rejal (La Rioja). El horizonte inmediato los acerca a la posibilidad de articular un interbloque junto a Flavia Royón (Primero los Salteños) y Beatriz Ávila (Independencia), ambas también con referencias provinciales claras. El golpe más fuerte lo recibió Carolina Moisés, expulsada del PJ jujeño bajo la influencia de La Cámpora y el sector referenciado en Cristina Fernández. Esa decisión aceleró la crisis dentro de Unión por la Patria, que ahora se enfrenta a su representación más baja desde 1983: apenas 25 senadores. Un número que los aleja de los tiempos de hegemonía, cuando el peronismo controlaba la Cámara con figuras como Vicente Saadi, Miguel Pichetto o, más cerca en el tiempo, bajo la conducción de Néstor y Cristina Fernández. La pérdida de bancas no sólo erosiona el poder simbólico del interbloque, sino que también limita su capacidad de ser árbitro en votaciones que requieren mayorías especiales, como la designación de ministros de la Corte Suprema. Pese a ello, Unión por la Patria insiste en reclamar lugares de peso en las comisiones y en la mesa de conducción en un intento por sostener influencia en un Senado que ya no les pertenece.

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