La tensión dentro del movimiento obrero alcanzó un nuevo punto de ebullición. La Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y otros gremios de peso presionan a la conducción de la CGT para que la respuesta contra la reforma laboral no se limite a un gesto simbólico, sino que se traduzca en un paro activo, con movilización y sin fecha de finalización. Rubén Urbano, referente de la UOM en Córdoba, fue tajante: “No sirve un paro dominguero”. Su planteo refleja el malestar de las bases, que exigen una medida de fuerza proporcional a lo que consideran un ataque directo a los derechos conquistados. La consigna es clara: presencia en la calle y presión sostenida mientras el proyecto se discuta en Diputados. En paralelo, Omar Maturano, líder de La Fraternidad, se sumó al reclamo y confirmó el cese total de actividades en el sector ferroviario: “Los trabajadores se cansaron y empezaron a apretar en las bases”, lanzó, dejando en evidencia que la decisión de la CGT no fue producto de la conducción sino de la presión interna. La fecha de la huelga aún se debate: podría concretarse el jueves 19 o el miércoles 25, en coincidencia con el tratamiento del proyecto en comisión. El Frente de Sindicatos Unidos que nuclea a la UOM, Aceiteros, ATE y las dos CTA, ya anticipó una movilización al Congreso, aumentando la presión sobre el triunvirato cegetista. En ese clima, Cristian Jerónimo, uno de los tres secretarios generales de la CGT, admitió que “las condiciones están dadas” para una huelga nacional. Desde el Sindicato del Vidrio, cuestionó la reforma por su “redacción maliciosa” y acusó al Gobierno de usarla como cortina de humo para disimular el fracaso económico. Sus críticas también apuntaron al ministro Federico Sturzenegger, a quien acusó de querer “romper la matriz sindical” como paso previo a desmantelar derechos laborales. No obstante, el ala más moderada de la central, representada por Andrés Rodríguez (UPCN), marcó límites: descartó un paro por tiempo indeterminado y defendió una jornada de protesta acotada, aunque reconoció que el clima en los lugares de trabajo es de abierta oposición al proyecto oficial. La CGT se encuentra así en una encrucijada: entre la presión de las bases y los sectores más combativos que exigen una huelga prolongada, y la cautela de los dirigentes dialoguistas que buscan evitar una confrontación sin salida. La definición, que se espera en las próximas horas, marcará el rumbo de la relación entre el sindicalismo y el gobierno de Javier Milei en un momento decisivo.
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