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Alberto Fernández se enteró unas horas antes de la llegada, que su vicepresidente llegaría a la Casa Rosada, para rendir su tributo personal a Diego Maradona y, optó por evitar cualquier gesto formal que permitiera esterilizar las versiones de distanciamiento entre los socios principales del Frente de Todos. La vicepresidente tampoco se esmeró en mantener las formas y después del homenaje al ídolo popular se refugió entre los suyos y se olvidó del primer mandatario. Cerca de las tres de la tarde, el jefe de Estado aguardó a CFK en la entrada de Balcarce 50 con Axel Kicillof y después los tres llegaron al lado de Claudia Villafañe y sus hijas Dalma y Giannina. La Vicepresidente saludó cálida y contenida y luego ocupó el centro de la escena política. Había adelantado que deseaba estar sola frente al ataúd y cumplió con el rito que pensó antes de llegar a la Casa Rosada. Su foto con el féretro de Maradona fue distribuida inmediatamente por la prensa de la Vicepresidente de la Nación. Cristina Fernández se refugió en las oficinas de Eduardo “Wado” de Pedro cuando iniciaron los incidentes en el Patio de las Palmeras de la Casa Rosada. Alberto Fernández no fue invitado al despacho aunque en el staff presidencial ya se sabía que la Vicepresidente haría escala allí antes de partir a la sesión de la Cámara de Senadores. Cuando CFK abandonó Balcarce 50, el jefe de Estado enfrentaba a la gente que pretendía ingresar a la capilla ardiente de Maradona. “Necesitamos que se ordenen y van a pasar”, pidió Alberto Fernández a la muchedumbre que no entendía por qué el funeral debía concluir a las cuatro de la tarde. Las hijas de Maradona estaban inflexibles y no querían prorrogar el velatorio. 

Alberto Fernández habló con Claudia Villafañe y la convenció. Pero falló la comunicación, y en la calle nadie se enteró que todo se había extendido hasta las siete de la tarde. En ese momento, el caos sobre la 9 de Julio y la irrupción de cientos de personas en Balcarce 50 se habían transformado en una hecatombe política al tributo popular. “Wado” de Pedro acusó a Horacio Rodríguez Larreta de ejecutar una represión ilegal en las calles de Buenos Aires. Diego Santilli, vicejefe de Gobierno, contraatacó: “De Pedro politiza uno de los días más tristes para los argentinos”. Los desmanes dentro de la casa de Gobierno, tuvieron bordes de alta peligrosidad para la integración física de funcionarios y del histórico mobiliario. Los cañones apuntan a la ministro de Seguridad, Sabina Frederic y al propio Wado de Pedro, que no sólo no supieron controlar el desborde, sino que hicieron lo único que saben hacer, responsabilizar a las fuerzas de la Ciudad de Buenos Aires.  

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