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“No voy a cambiar una coma, Martín Guzmán es el único autorizado para conversar con los fondos”, repite Alberto Fernández una y otra vez, cuando se topa con una nueva operación de lobby a favor de los bonistas bajo legislación extranjera. Tiene ciertos argumentos políticos-financieros para rechazar a los representantes de los fondos que ingresan a su intimidad de Olivos en forma personal o digital. “Nuestra oferta es menor que la sugerencia de quita que propuso el Fondo Monetario Internacional (FMI), y lo hicimos para demostrar que queremos cerrar y evitar el default”, argumenta Alberto Fernández con los números ya aprendidos de memoria. Los fondos de inversión consideran que Alberto Fernández tiene un discurso cerrado, que el ministro de Economía no entiende cómo se debe negociar con los acreedores externos, que la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, presenta una mirada equivocada respecto a la posible resolución de la deuda externa argentina, que la Universidad de Columbia de New York es una mala influencia y que el premio Nobel Joseph Stiglitz ya está demodé. Fernández, por su parte, rechaza cada uno de esos argumentos presentados por los bonistas y está convencido de la línea ideológica que aplican Georgieva, Stiglitz, Guzmán y la Universidad de Columbia respecto al manejo de la deuda externa y de sus tenedores privados en plena crisis del COVID-19.

Jeffrey Sachs se educó en Harvard, dio clases en esa prestigiosa universidad, fue asesor especial en Naciones Unidas, se destaca por sus aportes en macroeconomía global, integra la nómina de profesores de Columbia y es una figura clave en la elaboración dialéctica de los argumentos sobre deuda externa que promueve Georgieva y avala Alberto Fernández con su estrategia frente a los fondos que operan en Wall Street. La posición de Alberto Fernández puede implicar un punto de ruptura con los mercados de capitales de New York y enfriar la relación con la Casa Blanca y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Larry Fink, CEO de BlackRock, ya empezó a mover sus influencias en Washington y en el Fondo Monetario Internacional para lograr que el presidente abra la mano y ofrezca mejores condiciones de negociación de la deuda externa. BlackRock, Fidelity, Ashmore, Templeton y Pimco, entre otros grandes jugadores de peso, ya rechazaron la oferta diseñada por Guzmán y no tienen previsto presentar una propuesta formal y alternativa. Sí estos fondos han abierto varias vías para llegar a Olivos y en todos los casos sus argumentos fueron soslayados por Alberto Fernández y su ministro de Economía. En este contexto, con ambas partes en posiciones intransigentes, no se descarta que haya default. Sería una paradoja de difícil explicación: Alberto Fernández y los principales fondos de inversión juran que no quieren llegar a los tribunales de New York. Pero a pocos días de la fecha límite fijada por Guzmán, todo parece indicar lo contrario.

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