Diferencia de opiniones con respecto a la renuncia del presidente de Bolivia dentro de Juntos por el Cambio. Hay quienes consideran que se trata de una crisis institucional derivada de decisiones del presidente renunciante y un sector de la UCR que promueve la necesidad de un repudio directo a lo que califican como un golpe de Estado.
Con el presidente Mauricio Macri en una postura de cautela frente a la crisis boliviana, un sector del oficialismo en el que se alineó el canciller Jorge Faurie y el embajador argentino en Bolivia, Normando Álvarez García, afirma que no hay elementos para describir la situación en Bolivia como un golpe aunque plantea la necesidad de que ningún actor asuma un rol no asignado por la Constitución.
El presidente Macri, quien mantuvo contactos con Alberto Fernández, mostró prudencia y se limitó hoy a expresar que en el gobierno argentino están “todos muy preocupados” por lo sucedido. Detrás de la postura que promueve un repudio directo a lo que califican como un golpe de Estado se alinearon en las últimas horas sectores del radicalismo como el que encabeza Alfredo Cornejo, Martín Lousteau y Federico Storani, quienes cuestionaron el modo en que Morales abandonó el poder.
También con una postura radicalizada se posicionó el diputado nacional de PRO, Daniel Lipovetzky, quien manifestó ayer que a su entender estaba “claro” que se había tratado de “un golpe de Estado” y que no podía haber “grises” respecto a los pronunciamientos en este tipo de cuestiones.
El Comité Nacional de la UCR, repudió “el golpe de Estado” aunque también cuestionó la posición del renunciante Morales al señalar que “no es justo someter a las sociedades al agobio, por una vocación de perpetuidad ilegal” y que “las autoridades electas en cada comicio deben gozar de la legitimidad que da la limpieza en dichos procesos”.
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