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Dos mandatos consecutivos para los intendentes, fue el tope fijado por una ley sancionada durante el mandato de María Eugenia Vidal, al frente de la gobernación provincial. Una especie de avance para oxigenar la política provincial que ahora con la intervención de Alberto Fernández, podría quedar en la nada. El mandatario le dio su apoyo a los jefes peronistas del GBA para que reviertan la medida. No sería por medio de una nueva ley sino seguramente con reclamos ante la justicia electoral. Los intendentes del peronismo se mostraron como los más activos para frenar de algún modo aquella ley, aunque no son los únicos que piensan en la reelección indefinida o en sumar al menos la chance de otro mandato. Son muchos los que no podrían competir con la actual legislación: 96 sobre un total de 135. Algunos integrantes de Juntos por el Cambio también ambicionan ese freno, aunque la posición mayoritaria de los bloques hasta el momento se inclina por defender la norma sancionada hace cuatro años. El problema de los “costos” en un debate legislativo más la previa en los medios desalienta la idea de una ofensiva para derogar o modificar la ley. Pero siempre existe la posibilidad de buscar un atajo o un camino alternativo. Desde antes del respaldo presidencial y más ahora, madura la intención recurrir a una presentación que termine en la Junta Electoral de la provincia. Piensan que la estrategia sería que el actual mandato no es el segundo sino el primero, porque la ley comenzó a regir en 2016 con una gestión ya en marcha. Muy discutible, se admite, pero menos ruidoso que una discusión pública y un debate legislativo.

La operación de Fernández y también de los jefes municipales se apoya en necesidades o metas actuales. Las de Alberto Fernández, en su intento de construir poder propio y las de los los barones, como respaldo frente a Axel Kicillof, que ha evitado un guiño semejante a tales aspiraciones. Alberto Fernández viene sumando reuniones con intendentes del peronismo, en especial con los del Gran Buenos Aires. Recién en la última semana dio un respaldo explícito a las pretensiones reeleccionistas, incluso en presencia del gobernador que, dejaron trascender, prefirió eludir el tema. Otra señal de una disputa doméstica cruzada de intereses. El Presidente quiere volver a la relación directa con los gobernadores más cercanos y trato fluido con los intendentes peronistas del Gran Buenos Aires. Por ahora, Cristina Fernández no movió sus piezas, pero se teme en el sistema del PJ tradicional que lo haga sin muchos cuidados cuando llegue la hora, cercana, de discutir listas para las legislativas. Algo parecido le hizo sentir en anteriores entregas electorales a jefes provinciales que especulaba con el “post cristinismo”.

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