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En los salones de la Sociedad Rural, la política argentina volvió a desplegar su ritual de gestos y silencios. La cena anual de la Fundación Pensar se convirtió en escenario de un mensaje con tono de advertencia: Mauricio Macri, rodeado de dirigentes y empresarios, eligió marcar el rumbo con una frase que resonó como diagnóstico y sentencia: “La Argentina ya tuvo demasiado tiempo de improvisaciones”. El encuentro, atravesado por la tensión de un gobierno que busca afirmarse y por la mirada puesta en 2027, funcionó como termómetro interno del PRO. María Eugenia Vidal, anfitriona y voz inicial de la velada, trazó la hoja de ruta con un horizonte de diez años: “Queremos ser protagonistas del próximo paso”. La consigna fue clara: proyectar un espacio que acompañe el rumbo económico pero que se diferencie en la política. Macri, fiel a su estilo de marcar la cancha, insistió en la necesidad de planificación y en la idea de que el PRO no pretende reemplazar, sino completar. Su discurso, breve pero filoso, buscó instalar la noción de futuro frente a lo que definió como un pasado de desorden. A su lado, dirigentes como Cristian Ritondo y Fernando de Andreis reforzaban la foto de unidad, mientras las ausencias de Diego Santilli, Ignacio Torres y Rogelio Frigerio alimentaban lecturas sobre las tensiones internas. En paralelo, Jorge Macri, desde su rol de jefe de Gobierno porteño, defendió la gestión con un mensaje que apuntó al orden y la tecnología: “Vamos a defender esta ciudad de quienes creen que se puede vivir con más caos”. La frase, en clave local, se sumó al coro de voces que buscó mostrar cohesión en medio de un escenario nacional marcado por investigaciones judiciales y dudas sobre la inflación. La cena, más que un evento social, fue un acto político con múltiples capas: respaldo, diferenciación y proyección. Entre copas y discursos, quedó claro que el PRO intenta reposicionarse como alternativa, con Macri en el rol de faro crítico y Vidal como arquitecta de futuro. 

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