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La liberación de Nahuel Gallo, gendarme argentino que pasó 448 días detenido en Venezuela, no cerró un capítulo: abrió otro. El regreso del uniformado al país derivó en una tormenta política que desbordó el terreno diplomático y puso al fútbol en el centro de la escena. En el corazón de la disputa aparece la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), señalada por el Gobierno por haber tejido contactos con Caracas para lograr la repatriación. La Casa Rosada evalúa exigir explicaciones formales y no descarta una ofensiva judicial. Las hipótesis que circulan en los pasillos oficiales van desde usurpación de funciones hasta espionaje ilegal, con la palabra “traición” flotando como amenaza latente. Mientras tanto, el abogado de la AFA, Gregorio Dalbón, encendió otro fuego: denunció penalmente al juez Diego Amarante, a quien acusa de haber bloqueado el viaje de Claudio “Chiqui” Tapia, pieza clave en las negociaciones con el gobierno venezolano. La presentación quedó registrada en el Juzgado Federal N°12, bajo la órbita de Julián Ercolini y con intervención del fiscal Eduardo Taiano. Dalbón habla de cohecho y abuso de autoridad, y sostiene que el magistrado actuó con plena conciencia de las gestiones humanitarias en curso. El relato del abogado es áspero: asegura que la presidenta en funciones de Venezuela, Delcy Rodríguez, había condicionado la liberación de Gallo a la presencia personal de Tapia. Según Dalbón, el juez frustró ese viaje con argumentos políticos disfrazados de jurídicos. “Más ego que humanidad”, disparó en redes sociales, reivindicando que finalmente el operativo se concretó gracias a un colaborador secundario. El Gobierno, lejos de agradecer, endureció su discurso. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, advirtió que “los involucrados tendrán que explicar cuál es la relación con el régimen”. Javier Milei, en tono más filoso, sostuvo que cada paso de la conducción de la AFA “la ensucia más”. Tapia, por su parte, respondió con un mensaje conciliador: “El fútbol nos une, trasciende fronteras y demuestra que siempre es posible construir puentes”. La tensión escala en paralelo: un gendarme liberado, un juez denunciado, un dirigente deportivo bajo la lupa y un Gobierno que amenaza con judicializar la trama. La crónica política del caso Gallo se escribe día a día, en un tablero donde el fútbol y la diplomacia se cruzan con la lógica implacable de la disputa de poder.

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