Aunque la Semana Santa disminuye la carga de la agenda oficial, serán horas de definiciones para Alberto Fernández, quien busca relanzar su Gobierno en medio de la pelea con Cristina Fernández, la interna en el Frente de Todos y el dramático dato de la inflación. Fernández se apoyará en los funcionarios que componen su círculo íntimo para evaluar los pasos a seguir. Santiago Cafiero (canciller), Juan Zabaleta (ministro de Desarrollo Social), Gabriel Katopodis (ministro de Obras Públicas), Juan Manuel Olmos (jefe de asesores) y Julio Vitobello (secretario de la Presidencia) son algunos de los nombres que recibirá en la residencia. Si bien un relanzamiento de la gestión supondría algunos cambios en el Gabinete, por ahora no habrá movimientos. La preocupación en la Casa Rosada reside en cómo se desenvuelve en adelante el conflicto entre “los Fernández”. El primer mandatario intenta resistir los embates del kirchnerismo duro al considerar que cualquier baja entre sus dirigentes de confianza serían un síntoma de debilidad en medio de la disputa con la vicepresidente. Desde el círculo rojo intentan evitar cualquier señal de un vacío de poder y ponen el acento en las concesiones ya realizadas. “Alberto cedió lugares que estaban ocupados por dirigentes propios, de su extrema confianza, mientras que el kirchnerismo no cedió en nada”, reflexionaba, días atrás, un funcionario de confianza de Fernández al aludir a los cambios en el Gabinete nacional derivados de la derrota electoral en las elecciones legislativas del año pasado. El quid de la cuestión es que la interna oficialista se traduce en crisis de gobernabilidad y se paga con más inflación, dado que ninguna medida resulta creíble en medio de la guerra entre el mandatario y la vice. En este marco el objetivo de Cristina Fernández, sigue siendo la figura del ministro de Economía Martín Guzmán. Allí, en la puja ante una inflación que no cede, transcurre el escenario principal de la interna del Gobierno: el presidente sostiene a Guzmán frente a los embates de la vice. Alberto sabe que ceder la cabeza del titular del Palacio de Hacienda sería, básicamente, entregarle el Gobierno al kirchnerismo duro.
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