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La conducción nacional de ATE declaró asamblea permanente y alerta máxima frente al anuncio oficial de recortar más del 10% de la planta estatal. El sindicato advierte que el ajuste no es abstracto: golpeará directamente a organismos estratégicos y, por extensión, a la vida cotidiana de millones de argentinos. El secretario general Rodolfo Aguiar sostiene que el Gobierno carece de poder real para avanzar y que su legitimidad está debilitada. Según sus palabras, más de la mitad de la sociedad responsabiliza al Ejecutivo por la crisis económica. Su crítica apunta contra el discurso oficial de eficiencia: “Ahorraron 2.400 millones de dólares, pero no levantaron un metro de asfalto ni cambiaron una lamparita”, disparó, en un intento de desnudar la distancia entre los números y la realidad. ATE advierte que el Estado ya funciona en un mínimo de prestaciones y que cualquier despido adicional pondrá en riesgo servicios esenciales. El impacto se sentiría en los trabajadores de organismos vinculados a ciencia, tecnología, energía y seguridad alimentaria; en los beneficiarios de servicios públicos, que podrían ver demorados trámites de jubilaciones, estadísticas oficiales, controles sanitarios y programas sociales; y también en los contribuyentes, que aún no perciben mejoras tangibles en infraestructura ni servicios pese al supuesto ahorro fiscal. El conflicto también se trasladó al terreno político con críticas directas al vocero presidencial Manuel Adorni. ATE denuncia que la Secretaría de Comunicación incorporó cerca de 300 asesores con sueldos millonarios, lo que representa un gasto mensual de $47.000 millones. “Si quieren terminar con los curros, tienen que echar a Adorni”, lanzó Aguiar, elevando la confrontación al plano personal. La disputa no se limita a los pasillos sindicales: movilizaciones y asambleas se preparan en los organismos más expuestos, con el objetivo de frenar los primeros 5.000 despidos previstos. Abril se perfila como un mes de alta conflictividad, cuando el Gobierno defina el cronograma de ajuste y los trabajadores midan fuerzas en la calle.

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