La conmemoración del 50° aniversario del golpe de Estado de 1976 se transformó en escenario de un cruce político de alto voltaje. En medio de la movilización, Máximo Kirchner tomó la palabra y convirtió el acto en tribuna de definiciones que apuntaron directamente contra Javier Milei, con un tono que mezcló memoria histórica, reivindicación kirchnerista y llamado a la militancia. El diputado trazó una línea de continuidad desde 2004, cuando, según él, se consolidó un nuevo paradigma en materia de Derechos Humanos, hasta el presente, donde denunció que el actual gobierno “apuesta a la deshumanización” y “no ha dejado a ningún argentino sin agredir”. La crítica no se limitó a lo simbólico: Kirchner puso ejemplos concretos de la economía cotidiana, desde el precio de la nafta en un país con Vaca Muerta hasta la paradoja de la carne inaccesible en la tierra de las vacas. La intervención tuvo un tono de arenga. “El protagonista tiene que ser el pueblo”, insistió, y advirtió que sin participación activa “no hay dirigentes que puedan”. La convocatoria fue directa: “Elijan cómo, dónde y cuándo, pero participen”. En su relato, el desafío político no admite resignación ni apatía: “No es para tristes esto”, lanzó, apelando a la épica militante. El recuerdo de Néstor Kirchner apareció como figura tutelar, “estaría acá con nosotros” y Cristina Fernández fue defendida como la dirigente con mayor respaldo popular, aunque “secuestrada por el partido judicial”. En ese marco, el diputado volvió a cargar contra el FMI, señalando que “lo paga el pueblo argentino” y reivindicando el gesto de su padre al cancelar la deuda. El cierre del discurso fue un mensaje hacia el futuro: cuando un nuevo gobierno popular llegue a la Casa Rosada, dijo, deberá encontrarse con una sociedad consciente de su identidad y dispuesta a defender el país “con mucho amor y ganas de cambiar la realidad”.
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