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Febrero dejó una postal sombría en las góndolas y mostradores del país. El pulso del consumo masivo volvió a marcar números en rojo, reflejando la fragilidad del bolsillo familiar. Según el relevamiento de la consultora Scentia, las ventas se desplomaron un 6,3% respecto de enero y retrocedieron 3,4% frente al mismo mes del año pasado. La caída fue generalizada: el canal de farmacias encabezó el derrumbe con un 9,1% menos en comparación con enero; los autoservicios independientes retrocedieron 6,4% en la medición mensual y 3,8% interanual; los supermercados anotaron un descenso del 6,3% mensual y 5,9% interanual; los mayoristas sufrieron un 5,8% menos en febrero y 3,6% frente al año previo; y los kioscos y almacenes cerraron con una baja del 6,2%. La única excepción fue el comercio electrónico, que en la comparación anual mostró un salto del 26,5%, aunque en la medición mensual también retrocedió (−2,6%). El informe subraya que las categorías más golpeadas fueron las bebidas sin alcohol (−12,3% interanual) y los productos “impulsivos”, como golosinas (−10,3%). Mientras tanto, los precios de los alimentos subieron 3,3% en febrero, superando la inflación general del 2,9% informada por el INDEC. Entre los productos que más aumentaron se destacaron el pollo entero, la naranja, la paleta, la papa y los cortes de carne como cuadril y nalga. El consumo masivo, termómetro del día a día, se hundió en todos los canales tradicionales, mientras el comercio digital se consolida como refugio, aunque también muestra señales de fatiga.

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