En un gesto que busca marcar un quiebre con las políticas de vivienda de las últimas décadas, el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, presentó un nuevo esquema de créditos hipotecarios con tasa subsidiada, orientado a la clase media trabajadora de la Ciudad de Buenos Aires. El anuncio, realizado junto a funcionarios y legisladores aliados, se inscribe en una narrativa de reparación histórica hacia un sector que, según el propio mandatario, “es el motor de la Ciudad y nunca pidió privilegios”. El programa, canalizado a través del Banco Ciudad, permitirá financiar hasta el 75% del valor de una propiedad de hasta 80 metros cuadrados, con un tope de 100 millones de pesos. La tasa fijada, del 7,5% más UVAs, se ubica dos puntos por debajo del promedio del mercado. Los requisitos incluyen ingresos comprobables y cuotas iniciales que no superen el 25% de los ingresos familiares, con ejemplos que van desde $80.600 por cada $10 millones solicitados hasta $806.600 para quienes accedan al monto máximo. Más allá de los números, el trasfondo político es claro: los fondos provendrán de partidas antes destinadas a la urbanización de villas y asentamientos, así como de recursos generados por la concesión de medios públicos. Macri no dudó en calificar la política anterior como “un fracaso” que generó “injusticia”, al privilegiar a unos pocos mientras miles de familias debían resignarse al alquiler: “Hoy la clase media vuelve a tener recompensa por su esfuerzo”, enfatizó, en un discurso que buscó interpelar directamente a ese electorado. La medida, presentada como un cambio de paradigma, apunta a consolidar la narrativa de un gobierno que se distancia de la lógica asistencialista y coloca a la clase media en el centro de su estrategia política. En palabras del propio jefe de Gobierno: “Queremos que quienes hoy alquilan puedan decir: esto es mío, esta es mi casa”. Una frase que sintetiza tanto la promesa de gestión como la apuesta electoral de cara al futuro.
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