Alberto Fernández decidió extremar los controles fronterizos al máximo. “Blindados”, según la palabra que se utiliza en casa Rosada. Y no sólo eso, desde el fin de semana pasado, los ciudadanos que llegan en los vuelos especiales de Aerolíneas Argentina de “repatriación” y de otras empresas provenientes de los países con circulación del Covid-19, son puestos en cuarentena obligatoria en hoteles y lugares destinados para ese fin. A ese operativo se lo llama “cápsula sanitaria”. La medida extrema tiene varias razones, pero una de ellas fue fundamental, se espera que los próximos días comiencen a crecer los casos de infectados con el Covid-19 en países vecinos como Brasil y Chile. A diferencia de lo que ocurría días atrás cuando a los pasajeros se les tomaba la temperatura y se los aislaba si tenían síntomas, ahora se extremaron todas las medidas. Del avión, o del micro, los pasajeros son acompañados por las fuerzas de seguridad hasta combis especialmente acondicionadas para estos operativos y de allí son trasladados a los lugares de cuarentena.
A los pasajeros, después del control de temperatura y las constataciones de síntomas, se los divide por lugar de residencia. La autoridad sanitaria y el resto de los funcionarios que componen el Comando Unificado, se ponen en contacto con sus pares provinciales y se coordina el traslado de las familias a los lugares de cuarentena, que suelen ser hoteles preparados para ese fin. Durante el fin de semana en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, por ejemplo, la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), junto con el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires realizó controles preventivos específicos para casi 3.000 pasajeros repatriados provenientes de países de riesgo de COVID-19. Se coordinaron controles sanitarios con personal del Sistema de Atención Médica de Emergencias (SAME); y traslado de personas (domiciliadas en CABA) que fueron derivadas a hoteles para que cumplan con el aislamiento preventivo y obligatorio.
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