En un gesto que desató comentarios dentro y fuera del Gobierno, el secretario de Justicia, Santiago Viola, viajó a Estados Unidos para presenciar el partido de Argentina en los cuartos de final del Mundial, pese a la directiva informal que circulaba en la Casa Rosada de evitar la presencia de funcionarios en los estadios. El funcionario fue fotografiado en las tribunas del Kansas City Stadium, donde el equipo liderado por Lionel Messi selló el pase a semifinales con un contundente 3-1. La imagen, difundida por el periodista Nicolás Pizzi en la red X, mostró a Viola en una ubicación privilegiada cerca del campo de juego. Desde el Ministerio de Justicia aclararon que el viaje se realizó en el marco de una licencia de cuatro días solicitada para visitar a su padre, residente en Estados Unidos. “Aprovecharon para ir al partido. Regresa el viernes”, señalaron voceros de la cartera, intentando desactivar la controversia. La situación expone las tensiones internas en el oficialismo. Aunque semanas atrás se aseguraba que no existía una prohibición explícita de Javier Milei, el antecedente de las críticas a los viajes de Manuel Adorni había instalado la idea de que los funcionarios debían abstenerse de asistir a los encuentros mundialistas. Una fuente de Balcarce 50 lo resumió con crudeza: “No se puede ir. Yo no fui porque acá nos matan”. El debate no es menor: la Casa Rosada busca proyectar una imagen de austeridad y trabajo, incluso cuando el propio Presidente había evaluado viajar a Estados Unidos por el Día de la Independencia, fecha que coincidía con el partido de la Selección frente a Cabo Verde. Finalmente, la agenda oficial descartó la visita, reforzando el mensaje de que la prioridad debía ser institucional. En paralelo, la polémica alcanzó a otros dirigentes de La Libertad Avanza, como Agustín Romo, jefe de la bancada bonaerense, quien meses atrás había manifestado su intención de asistir al Mundial y terminó enfrentado con sus pares por la negativa oficial. En este contexto, la presencia de Viola en el estadio reaviva la discusión sobre los límites entre la vida privada de los funcionarios y la necesidad de preservar la narrativa de sobriedad que el Gobierno intenta instalar. Desde Justicia insisten: “No tiene nada que esconder”. Pero la foto en Kansas City ya se convirtió en un símbolo incómodo para la administración Milei.
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