Un nuevo bombardeo ruso dejó a más de 5.600 edificios residenciales sin calefacción en Kiev, en una de las semanas más frías del año, con temperaturas cercanas a los -14 °C. La ofensiva, ejecutada con cientos de drones y misiles, provocó además la muerte de un hombre de 50 años en las inmediaciones de la capital. Desde el gobierno municipal informaron que cerca de 600.000 personas ya abandonaron la ciudad tras el llamado oficial a evacuar, emitido el 9 de enero, frente al colapso del sistema energético. Hoy, aproximadamente la mitad de los edificios de Kiev permanecen sin calefacción, una situación que expone de manera directa a la población civil a condiciones extremas. “Muchos no tienen cómo irse, pero la ciudad se está vaciando”, señaló el alcalde Vitali Klitschko, en referencia a una capital que antes de la guerra albergaba a más de 3,6 millones de habitantes. El ataque se produjo durante la madrugada, con sirenas antiaéreas y explosiones que se extendieron por distintos barrios mientras las defensas ucranianas intentaban interceptar los proyectiles. Según la Fuerza Aérea de Ucrania, Rusia lanzó alrededor de 339 drones de largo alcance y 34 misiles en una operación coordinada. Tras el bombardeo, el canciller ucraniano, Andrii Sibiga, apuntó directamente contra el Kremlin. “Putin continúa una guerra genocida contra mujeres, niños y ancianos”, afirmó, y denunció que los ataques se concentraron deliberadamente en la infraestructura energética de al menos siete regiones del país. El funcionario exigió un refuerzo inmediato de los sistemas de defensa aérea por parte de los aliados occidentales y advirtió: “No habrá paz en Europa sin una paz justa y duradera en Ucrania”. Este nuevo ataque se suma al devastador operativo del 9 de enero, uno de los más severos desde el inicio de la invasión rusa hace casi cuatro años, que dejó a media ciudad sin calefacción y a miles de familias sin electricidad durante varios días en condiciones climáticas extremas. Desde entonces, las escuelas permanecen cerradas y el alumbrado público fue reducido para preservar energía. Además de Kiev, otras regiones como Odesa, Rivne y Vinnytsia también fueron blanco de ataques contra instalaciones críticas, confirmando una estrategia sostenida de castigo a la población civil mediante la destrucción de servicios esenciales.
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