Las protestas estudiantiles volvieron a movilizar a miles de personas en distintas ciudades de Francia, en una nueva demostración de fuerza contra el Gobierno y en reclamo de mejoras en las condiciones educativas. La concentración más importante se realizó en París, donde estudiantes marcharon hasta la Plaza de la Bastilla para exigir mayores inversiones en el sistema escolar. La jornada estuvo marcada por incidentes al finalizar la movilización. Según las autoridades, grupos de manifestantes lanzaron objetos y pirotecnia contra los efectivos, lo que derivó en la intervención de la policía con gases lacrimógenos y operativos de dispersión. Las organizaciones estudiantiles ratificaron además una nueva movilización nacional para el 13 de octubre y advirtieron que mantendrán las protestas ante la falta de respuestas concretas del Ejecutivo. En paralelo, el Gobierno reforzó los controles de seguridad en las principales ciudades ante el aumento de la conflictividad. Los disturbios también se extendieron a otras localidades. En Reims, un policía resultó herido por el impacto de un proyectil, mientras que en las afueras de Burdeos un establecimiento educativo fue vandalizado por un grupo de encapuchados, provocando importantes daños materiales. Desde el inicio de las protestas, el conflicto dejó miles de detenidos y centenares de heridos, en medio de acusaciones cruzadas entre manifestantes y fuerzas de seguridad. Mientras el Gobierno denuncia episodios de violencia extrema, los estudiantes insisten en que sus reclamos continúan sin obtener respuestas satisfactorias.
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