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La Confederación General del Trabajo (CGT) se reunirá en la sede de la UOCRA con el objetivo de ordenar su calendario de actividades para las próximas semanas. Sin embargo, la cita estará atravesada por un debate que se intensificó en las últimas horas: la exigencia de los sectores más duros del sindicalismo para que la central obrera convoque a un nuevo paro general contra el Gobierno. Los secretarios generales fueron citados con una agenda que incluye las movilizaciones previstas para octubre, la organización del Día de la Lealtad el 17 de octubre, la visita del papa León XIV en noviembre y el análisis de un documento vinculado al FMI. Aunque formalmente el llamado a una huelga no figura en el temario, la presión interna crece y amenaza con alterar el rumbo de la reunión. La tensión se hizo visible con la reaparición pública de Pablo Moyano, referente de Camioneros, quien cuestionó tanto a la CGT como al peronismo por su falta de presencia en las calles. “¿Dónde está la CGT? ¿Dónde está el peronismo? Ahora tienen que estar defendiendo a los trabajadores”, lanzó con dureza. En otro tramo, reclamó una reacción inmediata: “Ojalá que estos dirigentes despierten y convoquen a una gran marcha nacional, a un paro nacional”. El planteo de Moyano reconfigura el escenario sindical de octubre. Mientras la conducción busca ordenar las distintas convocatorias ya previstas, los sectores más combativos presionan para transformar ese calendario en un conflicto de mayor escala: “Ya no alcanza con foros o plenarios; tiene que haber una reacción”, insistió el dirigente, cerrando con una frase que sintetiza su postura: “Nos cagó la justicia, nos cagó la política, nos queda la calle”. En este contexto, la CGT deberá decidir cómo administrar la creciente conflictividad con el Gobierno. El 17 de octubre aparece como la primera fecha clave, con la definición de qué tipo de acto impulsará la central obrera en el Día de la Lealtad, mientras distintos sectores del peronismo preparan sus propias convocatorias. Luego, la atención se trasladará a la visita del Pontífice, que se reunirá el 9 de noviembre en la UCA con sindicalistas, empresarios y movimientos sociales, en un encuentro que también servirá para visibilizar la crisis económica y laboral. La conducción de la CGT se enfrenta así a un dilema: sostener la agenda institucional ya definida o ceder a la presión de quienes exigen un paro nacional como respuesta inmediata a la situación del país.

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