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En San Isidro, la política volvió a mostrar su pulso más intenso. Tras días de negociaciones y una sesión que había quedado trunca por falta de quórum, la Asamblea de concejales y Mayores contribuyentes finalmente aprobó el endeudamiento por 30.000 millones de pesos impulsado por el intendente Ramón Lanús. La decisión, que habilita la emisión del “Bono de Infraestructura de San Isidro”, llegó luego de que el oficialismo cediera ante los reclamos opositores y sumara el apoyo del peronismo, mientras el possismo se mantuvo firme en su rechazo. El debate no fue menor: la oposición exigía precisiones sobre el destino de los fondos y garantías de transparencia. Las modificaciones introducidas en el texto de la ordenanza establecieron que el dinero deberá destinarse exclusivamente a obras de infraestructura, integración sociourbana y regeneración urbana, priorizando los barrios populares y prohibiendo su uso para gastos corrientes. El Frente Renovador celebró haber evitado “un cheque en blanco” y logró incorporar mecanismos de control ciudadano, con informes mensuales sobre el avance de las obras. Su presidente de bloque, Federico Meca, cuestionó las prioridades del gobierno local y apuntó contra el uso de recursos municipales en publicidad oficial mientras las obras en los sectores más vulnerables permanecían postergadas. Desde el oficialismo, el presidente del Concejo Deliberante, Jorge Álvarez, defendió el acuerdo alcanzado y destacó que las modificaciones aportaron “mayor claridad” al expediente. Subrayó que el financiamiento será auditado por organismos provinciales y nacionales, y que la colocación del bono se realizará bajo normas del Banco Central y la Comisión Nacional de Valores. Las zonas beneficiadas incluyen el oeste de Beccar, el barrio Ferroviario y los sectores populares entre Boulogne y Villa Adelina. “Hoy votamos un instrumento con destino claro y prioritario”, afirmó Álvarez, en un cierre que buscó marcar el tono de una gestión que apuesta al crédito como vía para sostener la obra pública en tiempos de ajuste nacional. La sesión dejó expuesta la nueva geometría política del distrito: un oficialismo que negocia, una oposición que condiciona y un peronismo que, entre la crítica y la responsabilidad institucional, terminó inclinando la balanza.

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