Con señales de distensión y negociaciones en marcha, la CGT empieza a recalcular su estrategia frente a la reforma laboral impulsada por el Gobierno, que volvería a abrir una instancia de diálogo la semana próxima. En la central obrera interpretan como positiva la decisión oficial de apartar a Federico Sturzenegger de las conversaciones, un funcionario al que el sindicalismo asocia con las propuestas más duras y resistidas del proyecto. Tras la presentación de la iniciativa y la movilización del 18 de diciembre a Plaza de Mayo, el ala política del oficialismo tomó mayor protagonismo en las tratativas. Allí se destacan el asesor presidencial Santiago Caputo, los Menem y el ministro del Interior, Diego Santilli, quien garantizó a los gremios que existe voluntad de introducir cambios al texto que hoy se debate en el Senado. En ese esquema también se reubicó Patricia Bullrich. Luego de haber respaldado la versión más rígida de la reforma, la jefa del bloque de senadores de La Libertad Avanza pasó a liderar el acercamiento con la CGT para facilitar su aprobación parlamentaria. La senadora admitió que el Gobierno negocia modificaciones y anunció la creación de una comisión técnica en la Cámara Alta para analizar los reclamos sindicales y empresariales. Pese a la reapertura del diálogo, en la CGT predomina la cautela. La conducción sindical duda de que las conversaciones deriven en cambios de fondo y, por eso, activó una doble vía de acción: negociar con el oficialismo y, en paralelo, presionar a los gobernadores para que no acompañen el proyecto sin correcciones. Dos cotitulares de la central iniciarán una gira por distintas provincias con ese objetivo, mientras el Gobierno despliega a Santilli para asegurar respaldos políticos. Si el Senado avanza con el debate a partir del 10 de febrero sin concesiones relevantes, la CGT no descarta volver a movilizarse al Congreso y escalar el conflicto.
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